domingo, septiembre 25

Tecnología reta a los maestros y los enfrenta a una nueva realidad educativa

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Henry Fallas Sojo, vecino de Santo Domingo de Heredia, compartió la historia de un maestro de la Zona Sur, que tiene que ingeniárselas para dar sus clases, en las cartas a la columna de La Nación y evidencia que existe una realidad educativa.

Invito a la ministra de Educación, Guiselle Cruz y a sus tres viceministros y a sus 20 funcionarios del más alto nivel a ver el reportaje de un maestro que antes de la pandemia caminaba 24 kilómetros para llegar a su escuela y hoy debe recorrer hasta su refugio para comunicarse con los estudiantes.

Con una débil señal especial que llega a su celular (cuando lo logra) comienza el acto educativo promoviendo la formación de pensamiento.

Con sus dedos les enseña a contar, escribe la materia en una pequeña pizarra que cuelga de una pared que no se llama aula ni es sala de televisión llena de luz y color, es como su cápsula espacial.

Como los primeros astronautas que se enfrentaron al cosmos en busca de señales, el maestro se enfrenta a diario a captar la señal que le hará ponerse en contacto con sus estudiantes.

Saca el celular por un hueco de la cápsula y espera que una honda se desvié para iniciar su labor.  Es como pescar sin carnada.

Muchos docentes en lugares alejados luchan a diario para cumplir sus objetivos educativos, oyen a sus jerarcas del MEP hablar de Plaza Sésamo, de conectividad, de hogares conectados, de educación virtual, de educación a distancia, de aprendo en casas y otras cosas más, pero la realidad es otra.

La tecnología se niega a acompañarlos y deben encarar como este maestro, su propio contexto y solos.

Hablar con ellos y su entorno le bajaría el tono al discurso político de la Red Educativa del Bicentenario, porque el cierre de la brecha digital es tarea difícil.  No solo debe universalizarse el acceso a la tecnología, sino también el conocimiento.

Cuando más alejada y pequeña es la institución educativa, menos digitalizada está y eso agobia a nuestros educadores.  Para mi compañero de vocación, mi respeto y admiración.

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