martes, octubre 6

Estudio no debe ser una batalla en casa conozca cómo aprende cada niño

0
  • Expertos recomiendan cambiar la forma de acompañar a los niños

En muchos hogares, la hora de hacer tareas o prepararse para un examen termina convirtiéndose en uno de los momentos más difíciles del día. Después de largas jornadas laborales, muchos padres intentan apoyar a sus hijos con las responsabilidades escolares, mientras los niños llegan cansados o poco motivados tras varias horas de clases. El resultado suele ser una combinación de estrés, discusiones y frustración que termina afectando no solo el aprendizaje, sino también la relación familiar.

Para Catalina Chaves Fournier, psicóloga y directora ejecutiva de la Fundación La Casa de los Niños, este escenario responde, en gran medida, a ideas equivocadas sobre cómo aprenden los niños y cuál debe ser el papel de los adultos durante ese proceso.

“Muchos padres creen que estudiar significa pasar largas horas seguidas frente a los cuadernos hasta terminar todas las tareas. Pero el cerebro, especialmente el infantil, no funciona así. Cuando un niño estudia demasiado tiempo sin pausas aparece el cansancio mental y el aprendizaje pierde eficacia”, explica la especialista.

Desde la psicología educativa se recomienda organizar el estudio en bloques cortos, de entre 20 y 25 minutos, seguidos por pausas de aproximadamente cinco minutos. Durante ese descanso, el niño debería levantarse, caminar, estirarse o realizar una actividad diferente antes de retomar el estudio.

Según Chaves, este método permite que el cerebro recupere energía y mantenga la concentración por más tiempo. Además, resulta especialmente beneficioso para niños con dificultades de atención, como quienes presentan Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) u otras condiciones similares.

“Obligar a un niño a permanecer sentado durante horas no mejora el aprendizaje. En muchos casos solo genera rechazo hacia el estudio”, advierte.

Cada niño tiene una forma distinta de aprender

Otro de los aspectos que suelen pasar desapercibidos en el hogar es que no todos los estudiantes procesan la información de la misma manera. Para la especialista, cuando un niño manifiesta que estudiar le resulta difícil, esto no necesariamente refleja falta de capacidad, sino que probablemente aún no ha encontrado la estrategia de aprendizaje que mejor se adapta a sus características.

Algunos niños comprenden con mayor facilidad cuando observan esquemas, gráficos, dibujos o mapas conceptuales. Otros retienen mejor la información al escuchar explicaciones, leer en voz alta o repetir los contenidos. También existen quienes aprenden principalmente mediante la práctica, resolviendo ejercicios o experimentando con ejemplos concretos.

“Cuando el método de estudio coincide con la forma en que el niño aprende, el aprendizaje se vuelve más fácil y efectivo”, señala Chaves.

Por ello, recomienda que los padres observen cuáles actividades permiten a sus hijos comprender y recordar mejor los contenidos antes de insistir en una única forma de estudiar.

Para quienes aprenden de manera visual, pueden ser útiles los colores, los diagramas, los videos educativos o los mapas conceptuales. En los estudiantes con un estilo auditivo funcionan mejor las explicaciones en voz alta, las preguntas y respuestas o incluso grabar audios para repasar. En cambio, quienes aprenden haciendo suelen beneficiarse de ejercicios prácticos, resúmenes escritos, ejemplos y juegos educativos.

La tecnología también puede favorecer el aprendizaje

Aplicaciones para crear tarjetas de memoria, plataformas con videos educativos o programas para elaborar mapas conceptuales permiten presentar la información de una forma más dinámica y atractiva para los estudiantes.

“Los niños y adolescentes de hoy aprenden en un entorno digital. Cuando la tecnología se usa correctamente, facilita la comprensión y el repaso de la información”, explica la psicóloga.

El principal desafío de las familias no consiste en convertirse en profesores, sino en ofrecer acompañamiento emocional y crear un ambiente favorable para el aprendizaje.

“Cuando el estudio se convierte en un espacio de regaños o tensión constante, el aprendizaje deja de ser el centro y empieza a deteriorarse el vínculo entre padres e hijos”, afirma.

En ese sentido, recomienda no comenzar inmediatamente con tareas al llegar del trabajo o de la escuela. Dedicar algunos minutos a conversar sobre cómo estuvo el día, escuchar al niño y conocer cómo se siente ayuda a crear un ambiente de confianza que favorece la disposición para estudiar.

Compartir.

Deja un comentario