jueves, agosto 13

El 8% del PIB para educación sí es necesario

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  • Expertos califican como error que cada vez se otorgue menos presupuesto.

La actual ministra de educación, Ana Müller, recientemente cuestionó que cuál era la base científica que daba lugar a que se tenga que destinar el 8% del Producto Interno Bruto (PIB) a la educación, algo por lo que ha sido muy criticada.

Pero más allá de eso, las instancias y personas que conforman la Mesa de Trabajo por una Agenda Social para los Cuidados de las Niñas, los Niños y las Personas Adolescentes en Costa Rica, quisieron dar respuesta a la interrogante, independientemente del mandato constitucional.

Pablo Chaverri, académico e investigador del Instituto de Estudios Interdisciplinarios de la Niñez y la Adolescencia (INEINA) y del Centro de Investigación y Docencia en Educación (CIDE) de la Universidad Nacional, quiso exponer la posición al respecto y dejar claro que ese presupuesto es más que necesario, en especial con el panorama actual.

En este sentido, el primer aspecto que destacó es que el crecimiento económico a largo plazo del PIB en cualquier país, está ligado a las habilidades de su población, incluso se estima que un 75% de la variación en el crecimiento del PIB per cápita de una sociedad puede explicarse por los resultados de las evaluaciones internacionales en habilidades cognitivas, matemáticas y ciencias de sus estudiantes.

Para nadie es un secreto que las recientes pruebas y evaluaciones hechas no están arrojando buenos resultados, por lo que ahí hay una primera señal de que se debe hacer algo y para ello los recursos son indispensables.

“El valor agregado de los bienes y servicios que se producen depende ampliamente del conocimiento. Los países que obtienen mayores ganancias no son los que producen materias primas, sino los que las transforman y les agregan valor con sus conocimientos. Entender que el conocimiento es costoso, pues implica grandes inversiones de tiempo y recursos, es particularmente crítico para las economías en desarrollo, como es el caso de Costa Rica”, señaló Chaverri.

Si bien es cierto, nadie puede negar que nuestro país invierte porcentualmente más que sus vecinos en educación, si se ve desde el monto que invierte por estudiante, este es mucho menor al promedio de la OCDE, lo que también es una señal que se debe de tomar en cuenta.

En números, mientras que Costa Rica invertía en 2019 un monto de $5.399 por estudiante en primaria y secundaria, en Chile el monto era de $6.639 y el promedio de la OCDE era de $10.316, es decir, que el promedio de la OCDE casi duplica la inversión por estudiante en Costa Rica.

“Lo anterior implica que, para que el país pueda al menos igualar el monto medio por estudiante de la OCDE, tendría que doblar lo que invirtió del PIB (en el escenario de 2019) y llegar a un 13,6% del PIB, pues en ese año la inversión fue del 6,8%. Si Costa Rica aspira a alcanzar resultados como los de la OCDE, tendría entonces que invertir montos comparables con este grupo de países. Por lo tanto, se debe ver el 8% del PIB no como un techo, sino más bien como un piso”, agregó Chaverri.

Otro punto que resalta es que la tercera parte de las personas menores de edad viven en pobreza en Costa Rica, y la herramienta que se les puede dar para salir de ahí es la educación, como se ha demostrado en cientos de estudios.

“Nacer en pobreza tiene un alto impacto en el desarrollo cognitivo posterior de cada niña o niño. Sin embargo, un solo episodio de pobreza, incluso si es precedido y seguido por estados de no pobreza, también deja un impacto significativo en los puntajes en pruebas cognitivas. Para la niñez que está persistentemente en pobreza durante sus primeros años, sus puntajes en pruebas de desarrollo cognitivo a los siete años son significativamente más bajos que los de grupos que nunca han experimentado pobreza (Dickerson & Popli, 2012). Esto es crucial, porque el desempeño global de un sistema educativo está fuertemente influido por sus niveles de equidad e inclusividad, algo que requiere una robusta inversión en programas de asistencia, protección y apoyo socioeconómico y psicosocial, en conjunto con programas académicos de alta calidad”, explicó Chaverri.

En resumidas cuentas, la conclusión a la que se llega es que “la inversión en educación se paga a sí misma y los recortes en educación se terminarán pagando demasiado caro, tanto para la población en pobreza como para el país en general.”

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