jueves, agosto 13

El niño y la garza

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Mario Giacomelli

Para Revista Magisterio

Es imposible calcular el aporte de Hayao Miyazaki al arte cinematográfico. Al mando del estudio Ghibli, que cofundó en 1985, él ha estado realizando filmes de calidad estética superior, convirtiéndose en el máximo exponente de la animación japonesa (Anime). Todas sus películas están elaboradas con criterios artesanales, a partir de dibujos de su propia cosecha. En ellas se detectan temas recurrentes, como las preocupaciones ecológicas, una innata pasión por el vuelo, una firme posición antibélica y, en general, un profundo humanismo.

Entre los títulos más memorables de su repertorio, destacan “Mi vecino Totoro” (1988), “La princesa Mononoke” (1997) y “El viaje de Chihiro” (2001), que ganó el premio Oscar. Tras anuncir su retiro en varias oportunidades, Miyazaki estrenó “Se levanta el viento” (2013), una realización hermosa que parecía su testamento espiritual. No obstante, un decenio después, el octuagenario maestro vuelve a la carga, entregando al público un largometraje más, el doceavo de su carrera: “El niño y la garza”, que debería representar su despedida definitiva. Y se trata de otra joya pulida, justamente galardonada con el Oscar.

¿Cómo vives?

“¿Cómo vives?” es el titulo original de la cinta, que fue rebautizada como “El niño y la garza” para su distribución internacional. Sin embargo, esa pregunta sencilla -y cargada de connotaciones existenciales- resulta más atinada, para un relato acerca del crecimiento interior de un niño traumatizado por una tragedia.

Mahito es un chico solitario de 12 años, cuya madre falleció en un incendio en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial. Un año después, el padre de Mahito, dueño de una fábrica de municiones, se vuelve a casar con la hermana de su difunta esposa, quien está embarazada. Todos se mudan a una casa de campo, donde Mahito no logra acostumbrarse a su nuevo entorno.

Un día, el muchacho conoce a una garza con el don del habla, en cuyo interior se oculta un humanoide con aspecto de duende. Éste insinúa que la madre de Mahito no ha muerto; y guía al niño en un viaje fantasmagórico a través de un mundo misterioso, donde lo real se confunde con los sobrenatural.

Himno a la resiliencia

Obra llena de elementos autobiográficos y referencias a las producciones  anteriores de su autor, “El niño y la garza” funciona como una suma ideal de los valores positivos celebrados por Miyazaki y de su inagotable fervor creativo.

La aventura se desarrolla de manera impredecible, en un constante vaivén de encuentros y situaciones inesperadas que obligan al pequeño héroe a tomar decisiones vitales, conforme avanza en su mágico recorrido. Ante su mirada inocente, surge un sinnúmero de criaturas estrambóticas, eventos sorpresivos e imágenes oníricas que oscilan entre lo sublime y lo grotesco.

Es un derroche de imaginación sin límites, que nunca deja de asombrar. El sentido de maravilla queda plasmado en pantalla mediante un estilo gráfico depurado, con trazos simples y unos delicados colores pasteles. En la banda sonora, las melodías esenciales y oportunas de Joe Hisaishi ofrecen un complemento inmejorable.

Cada secuencia agrega nuevas capas de significado a una fábula desbordante de conceptos y símbolos. Entre sus muchas facetas, concreta un tocante himno a la resiliencia, invitando al espectador a creer en sí mismo y a perseverar ante los conflictos, el sufrimiento y las adversidades. Al mismo tiempo, el argumento encierra un tocante llamado a la solidaridad y al amor.

Todavía no se puede saber con certeza si éste será realmente el “canto del cisne” de Hayao Miyazaki, pero en todo caso, es un triunfo artístico rotundo: la espléndida culminación de un legado invaluable.

El niño y la garza

(Kimitachi wa do ikiru ka)

Dirección: Hayao Miyazaki.

Guión: Hayao Miyazaki.

Duración: 124 minutos.

Origen: Japón 2023.

Género: Animación.

Calificación: Todo público.

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