Con el regreso a clases las autoridades de salud hacen un llamado a los padres de familia o encargados para que verifiquen y mantengan actualizado el esquema de vacunación de sus hijos.
Este acto de prevención es fundamental para proteger la salud de los niños y evitar la propagación de enfermedades prevenibles en el entorno escolar.
El regreso a clases constituye una oportunidad invaluable para reforzar las medidas preventivas en torno a la salud infantil, según el Dr. Carlos Jiménez, director del Hospital Nacional de Niños.
En un contexto en el que la convivencia escolar puede facilitar la transmisión de enfermedades, mantener al día las vacunas de los niños se vuelve una acción crucial para asegurar que las aulas no se conviertan en focos de contagio.
“La vacunación es una de las herramientas más efectivas para proteger a los niños contra diversas enfermedades inmunoprevenibles. Tener el esquema de vacunas completo y actualizado es esencial para que los niños puedan disfrutar de un ambiente escolar saludable y libre de riesgos sanitarios”, explicó el Dr. Jiménez.
Por su parte, el Dr. Elvis Delgado, especialista en la subárea de Vigilancia Epidemiológica de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), señaló que uno de los recursos más útiles para verificar el estado de las vacunas de los menores es el carnet de vacunación, comúnmente conocido como “Libro Azul”. En este documento, los padres pueden revisar si las dosis necesarias han sido aplicadas según lo estipulado en el esquema de vacunación nacional.
En caso de que existan dudas o si los padres no tienen claro si sus hijos están al día con las vacunas, pueden acercarse al centro de salud más cercano. Allí, el personal médico podrá brindar toda la información necesaria y aclarar cualquier inquietud.
“Es muy importante tener en cuenta que los niños son más vulnerables a enfermedades porque, en su mayoría, no se lavan las manos con la frecuencia necesaria y suelen compartir utensilios y objetos personales. Estas son prácticas muy comunes en ambientes como escuelas, donde el contacto cercano entre niños y adultos puede incrementar el riesgo de contagios”, detalló Delgado.
Las enfermedades prevenibles mediante vacunas siguen siendo una amenaza constante, especialmente para la población infantil. Entre las más comunes se encuentran la polio, tosferina, sarampión, rubéola, parotiditis (paperas), difteria y tétanos. Para evitar la propagación de estas enfermedades, es esencial que los niños reciban las dosis de refuerzo correspondientes durante su paso por la escuela. Por ejemplo, los refuerzos para enfermedades como la polio y la tosferina están indicados para niños de 4 y 10 años, respectivamente.
Además, los niños de 10 años que inician el cuarto grado deben recibir la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH). Esta vacuna, que se aplica por primera vez a los 10 años y tiene una segunda dosis a los seis meses, es clave para prevenir ciertos tipos de cáncer relacionados con este virus, como el cáncer de cuello uterino en las mujeres.
Delgado destacó la importancia de que los padres revisen el registro de vacunación durante las consultas de Control de Niño Sano en los centros de salud donde se lleva un control detallado desde el nacimiento. Esto asegura que todos los niños reciban las dosis necesarias y en el momento adecuado.
El aspecto colectivo de la vacunación también fue resaltado por los especialistas. Aunque las vacunas protegen principalmente a los niños que las reciben, también contribuyen a la inmunidad colectiva, conocida como inmunidad de grupo, que impide la propagación de enfermedades dentro de la comunidad. De esta forma, los niños vacunados no solo están más protegidos individualmente, sino que también ayudan a proteger a sus compañeros de clase, profesores y familias.
Costa Rica se distingue en la región por contar con uno de los calendarios de inmunización más completos. Actualmente, el país ofrece 11 vacunas gratuitas en su esquema básico de vacunación, que protegen contra 16 enfermedades inmunoprevenibles, entre ellas la tuberculosis miliar, hepatitis B, neumonías, meningitis, Haemophilus influenzae tipo b, sarampión, rubéola, paperas, varicela, rotavirus, polio, difteria, tosferina, tétanos, COVID-19 e influenza.