jueves, agosto 13

Niñez y adolescencia desafíos de salud frente al futuro

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  • En la región la situación es preocupante.

La niñez y la adolescencia en Costa Rica y en América Latina enfrentan un panorama complejo en materia de salud. De cara al mediano y largo plazo, los especialistas proyectan que la atención pediátrica hospitalaria estará marcada por infecciones respiratorias estacionales, afecciones perinatales, enfermedades crónicas de alta complejidad, malformaciones congénitas y los efectos de la violencia infantil.

Este escenario obliga a reflexionar sobre los factores que determinan la salud de la población pediátrica. Según la Dra. Olga Arguedas Arguedas, pediatra e inmunóloga clínica, los retos giran principalmente alrededor de dos grandes ejes: el desafío demográfico y la salud del planeta, estrechamente relacionada con el cambio climático y la contaminación ambiental.

Más allá de lo hospitalario

La especialista advierte que, a nivel ambulatorio, también se proyecta un aumento en consultas vinculadas con obesidad, trastornos del apetito, salud mental y alteraciones del neurodesarrollo. Estos problemas, que ya son visibles, tenderán a intensificarse si no se adoptan medidas preventivas.

En este contexto, la vacunación sigue siendo un pilar. Arguedas señala que las enfermedades prevenibles podrían disminuir de forma significativa, siempre y cuando los países de la región mantengan un trabajo educativo constante que contrarreste la desinformación y la resistencia a las vacunas.

La dimensión demográfica

El panorama poblacional en América Latina presenta particularidades que inciden directamente en la salud. Tres de cada diez habitantes son menores de 18 años, pero cada vez nacen menos niños y la maternidad tiende a iniciarse más tarde.

“Los anteriores elementos, asociados a una exitosa disminución de la mortalidad infantil, pero con un aumento en la complejidad de sus causas y un incremento en la esperanza de vida que ronda en los países más exitosos alrededor de los 80 años, pero con los últimos 10 años usualmente asociados a enfermedades, plantean un reto de altas dimensiones”, explicó la doctora.

Un planeta enfermo que enferma a los niños

El impacto del cambio climático y de la contaminación ambiental sobre la salud infantil es cada vez más evidente. Según Arguedas, este fenómeno se refleja en al menos cuatro áreas clave:

Policrisis post-COVID-19. El retroceso en la educación —con un incremento en la pobreza de aprendizaje— y el aumento de la niñez en condición de pobreza marcan el panorama regional.

Más infecciones respiratorias. La contaminación atmosférica y las modificaciones en la ecología viral han incrementado la frecuencia y la severidad de estas enfermedades.

Enfermedades emergentes. El calentamiento global facilita la expansión de males como dengue, malaria, chikungunya y zika hacia áreas donde antes no existían.

Enfermedades no transmisibles. El asma, ciertos tipos de cáncer y anomalías congénitas muestran una relación creciente con la exposición a contaminantes ambientales.

El desafío de la información

Además de los retos médicos, los profesionales de la salud enfrentan otro frente: la proliferación de información sin sustento científico, especialmente en redes sociales. Este fenómeno, que influye en decisiones familiares sobre vacunación, nutrición y tratamientos, exige a los médicos desarrollar mayores habilidades comunicativas y paciencia en la atención cotidiana.

Construir resiliencia desde la prevención

Si bien el panorama parece desafiante, los expertos coinciden en que hay medidas concretas que pueden marcar la diferencia. Entre ellas destacan:

Promover estilos de vida saludables desde la niñez, con alimentación balanceada y actividad física regular.
Reducir la exposición a contaminantes ambientales dentro de los hogares, como el humo del tabaco y combustibles sólidos.
Fomentar campañas educativas permanentes que fortalezcan la confianza en la vacunación.
Priorizar la detección temprana de problemas de salud mental y neurodesarrollo.
Impulsar políticas públicas que garanticen entornos más seguros para la niñez frente a la violencia y la desigualdad.

El futuro de la salud pediátrica en América Latina dependerá de cómo se aborden estos desafíos hoy. Cuidar a niños y adolescentes significa también cuidar el ambiente, fortalecer la educación y garantizar un acceso equitativo a la salud. En palabras de la Dra. Arguedas, se trata de un reto de “altas dimensiones”, pero inevitable si se busca que las próximas generaciones crezcan en entornos más sanos y seguros.

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