jueves, agosto 13

Los secretos que esconde el templo de San Blas de Nicoya

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  • Excavaciones para reforzamiento los revelaron

El templo de San Blas de Nicoya, es sin lugar a dudas uno de los tesoros arquitectónicos del país y en medio de las celebraciones del 25 de julio día de la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica adquiere mucha relevancia.

Pero este lugar tiene una amplia historia, ya que según los registros que se tienen fue construido aproximadamente para el 1650 y con el pasar de los años se han dado descubrimientos interesantes en su interior y alrededores.

“Es un templo que tiene una ocupación bastante larga, en términos de la historia tanto colonial como republicana, es una edificación que ha pasado por varias etapas, precisamente por diversos eventos como terremotos e incendios que han sucedido, entonces es una construcción muy particular por ello”, comentó Dayana Morales, antropóloga y arqueóloga del centro de Patrimonio Cultural.

Justamente el más reciente reforzamiento que ha sufrido, fue producto del terremoto de Sámara ocurrido el 5 de setiembre del 2012 que le causó daños importantes a toda la estructura, obligando incluso a su cierre ya que era un riesgo para los visitantes.

Cementerio

Es producto de esta situación que se debe de dar una serie de trabajos en el sitio para poder nuevamente ponerlo al servicio de la comunidad, y es en este momento que se da el hallazgo de que dentro del templo había un cementerio.

Más allá de los muros y la construcción que todos ven, el templo en sus profundidades tiene muchos secretos que se descubrieron y contaron historias de hace cientos de años.

Si bien, era algo que se sospechaba porque en los años de la colonia era muy normal que las mismas iglesias funcionaran de campo santo, no se había confirmado del todo.

“Las excavaciones arqueológicas se hicieron en tres etapas, primero se identificó que había ocupación humana tanto en el interior como en el exterior del mismo”, indicó Morales.

Esto hizo que se debiera dar un proceso de extracción de los restos humanos para poder hacer las obras de reforzamiento que requería el templo, pero sin perder esa parte de la historia que también representaban estos cuerpos.

“Llamó mucho la atención es el agrupamiento y la posición que tienen, incluso algunos de los antropólogos que estuvieron a cargo pudieron identificar sectores donde era más común encontrar concentración de infantes y otros donde había personas más adultas”, afirmó la experta.

Muy poblado

Pero además de encontrar una importante cantidad de restos, llamó la atención que había evidencia de que incluso hubo tumbas que se usaron en más de una ocasión, es decir que una persona le dio campo a otra.

“Dentro de una fosa se pudo evidenciar que había rastro de que movieron los restos, en algunos sectores de la fosa seguro debían enterrar a otra persona y los movían, e incluso se encontró una fosa común donde parece llevaban restos antiguos para aprovechar más espacio”, relató la arqueóloga.

Incluso también hay sitios donde se detectaron personas enterradas a más profundidad y otras menos profundas, es decir como unos cuerpos encima de otros, todo esto y el nivel de descomposición impiden tener un número exacto de cuántos cuerpos se lograron sacar del sitio.

El uso del sitio como cementerio se mantuvo hasta inicios de los 1800 ya cuando todo cambia y las iglesias se dejan de usar como cementerios y vienen los campo santos que es más o menos lo que se hace hoy.

Objetos

Para los encargados de hacer las excavaciones, también fue muy interesante encontrar una serie de objetos que cuentan mucho de la época en la que todas esas personas vivieron y cómo lo hacían.

“Partes de la ropa, como botones metálicos, propios de la época, también se encontraron anillos y algo que me llamó muchísimo la atención es que se encontraron vasijas de cerámica cerca de algunos de los cuerpos”, señaló Morales.

Esto es curioso porque las vasijas eran de los indígenas de la zona, pero la religión católica era de los colonizadores, entonces esto hace pensar que fueron personas ya evangelizadas que todavía mantenían ciertas manifestaciones indígenas, es decir que se demuestra que ya había un acercamiento entre ambas culturas.

“Se encontró un palito de los que usan los que guían las carretas de bueyes, que arriba tiene como un piquito de metal, esa vara que tiene como un chuzo, entonces se encontró uno de esos que es probablemente de los más antiguos que tenemos”, afirmó la Arqueóloga.

Ahora todo esto está en custodia de las autoridades del Museo Nacional, pero aún puede que este templo, reabierto recientemente nuevamente al público, aún tenga muchas historias más que contar y que algún evento en el futuro pueda revelarlas para conocimientos de todos.

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