jueves, agosto 13

El sedentarismo una epidemia silenciosa que afecta al país

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  • Colegio de Médicos alerta sobre padecimientos a futuro

Costa Rica enfrenta una preocupante realidad en términos de salud pública: el 40% de su población adulta, entre los 18 y 65 años, no realiza actividad física. Esta alarmante cifra representa un riesgo significativo para la calidad de vida y la salud de los costarricenses, exponiéndolos a enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, hipertensión y ciertos tipos de cáncer.

A esto se suma que entre un 36% y un 40% de la población sufre obesidad, cifras que colocan al país a la par de México y apenas por debajo de Estados Unidos, donde este problema es una de las principales preocupaciones de salud pública. Además, el 10% de los costarricenses vive con diabetes tipo 2, un 37% padece hipertensión arterial y hasta un 50% enfrenta problemas de dislipidemia, según los últimos datos disponibles.

La inactividad física tiene efectos devastadores en el metabolismo. Según los expertos, la falta de ejercicio repercute en una pérdida de masa muscular, aumento de masa grasa e inflamación, y eleva los niveles de lípidos en sangre, glucosa y presión arterial. Estas alteraciones aumentan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, cáncer, trastornos cognitivos y problemas emocionales.

La Dra. Gabriela Morales Scholz, médica general y fisióloga clínica del ejercicio, advierte que esta falta de movimiento se traduce en una mayor incidencia de enfermedades crónicas y una disminución de la esperanza de vida en el país. “Cada costarricense debería tomar conciencia de la importancia de incluir actividad física y ejercicio en su vida diaria”, subrayó durante su ponencia en el Congreso Médico Nacional.

Entre las razones que dificultan que los costarricenses mantengan una rutina de actividad física se encuentran:

• Largos tiempos de traslado entre el hogar y el trabajo.

• Problemas de seguridad en ciertas áreas del país.

• Altos costos de vida que limitan la inversión en actividades recreativas.

• Jornadas laborales extensas.

• Baja prioridad de la salud personal frente a objetivos financieros.

Estas barreras reflejan un contexto que requiere soluciones integrales y un compromiso por parte de las instituciones, las comunidades y los individuos.

La salud metabólica, que incluye mantener niveles adecuados de glucosa, lípidos y presión arterial, encuentra en el ejercicio físico un aliado fundamental. La actividad física contribuye a reducir la glucosa en sangre, mejorar la sensibilidad a la insulina y quemar los depósitos de grasa, explicó la Dra. Morales.

Además, la combinación de ejercicios cardiovasculares y de fuerza en una misma sesión ha demostrado ser altamente efectiva en el control de la presión arterial. Por otro lado, los ejercicios de alta intensidad, aunque breves, tienen un impacto positivo en la regulación de la glucosa.

“Es fundamental que las personas interesadas en mejorar su salud metabólica busquen asesoramiento profesional para diseñar un programa de ejercicios que se adapte a sus necesidades específicas”, señaló Morales.

Para monitorear la salud metabólica, los expertos recomiendan prestar atención a:

• Circunferencia de la cintura.

• Niveles de glucosa y lípidos en sangre.

• Presión arterial.

Estos indicadores ayudan a identificar riesgos y a implementar medidas preventivas, como adoptar un estilo de vida más activo.

Entre las recomendaciones para mejorar la salud metabólica destacan:

Reducir al máximo las conductas sedentarias, como pasar largos periodos sentado.

Incorporar pausas activas de 5 a 10 minutos cada hora de inactividad, con movimientos de intensidad moderada o vigorosa.

Aunque estas pausas no sustituyen al ejercicio físico, existe evidencia de que contribuyen significativamente a mejorar la salud.

Más allá de los beneficios individuales, una población más activa y saludable implica una reducción en la carga para el sistema de salud nacional. La constancia en la práctica del ejercicio es clave para lograr cambios significativos: mejora la capacidad cardiovascular, regula los niveles de triglicéridos y azúcar en sangre, y fortalece los músculos.

“La buena noticia es que no se necesita realizar actividades extenuantes ni de larga duración. Pequeños cambios pueden tener un gran impacto si se mantienen con regularidad”, enfatizó Morales.

Para Costa Rica, enfrentar esta epidemia silenciosa requiere un enfoque multisectorial que promueva políticas públicas, educación y recursos accesibles para que más personas incorporen la actividad física en su rutina diaria.

La Dra. Morales concluyó su intervención con un llamado a la acción: “No podemos seguir ignorando el impacto del sedentarismo. Necesitamos adoptar una cultura de movimiento, donde el ejercicio y la salud metabólica sean parte esencial de nuestra vida cotidiana”.

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