jueves, agosto 13

Detecte trastornos alimenticios en menores y evite afectaciones a futuro

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  • La vigilancia es fundamental.

Especialistas en salud mental y pediatría alertan a padres, docentes y cuidadores: la necesidad de conocer, identificar y actuar ante los posibles signos de trastornos de conducta alimentaria (TCA) en niños y adolescentes.

La doctora Ana María Moreno Restrepo, pediatra de la Clínica de Adolescentes del Hospital Nacional de Niños, subraya que estos trastornos, además de ser una problemática de salud mental, representan una de las principales causas de fallecimiento en jóvenes adolescentes, por lo que la prevención y la detección temprana cobran una importancia vital.

Moreno Restrepo señala que, aunque en los últimos años hay mayor conocimiento sobre los TCA, aún persisten malentendidos y falsas creencias que dificultan su reconocimiento y atención oportuna.

“Es muy importante que los padres reciban información clara sobre cómo detectar un problema y qué acciones tomar para impedir que estos trastornos se agraven”, afirma la especialista.

De acuerdo con datos de la misma clínica, en 2024 atendieron 197 pacientes con TCA, de los cuales 60 casos corresponden a nuevos diagnósticos. Entre diciembre de 2023 y mediados de enero, se registraron 36 nuevos casos, la mayoría de ellos en adolescentes de entre 12 y 16 años, con mayor incidencia en mujeres. Esto evidencia que, en esta etapa de la vida, el fenómeno se presenta con mayor frecuencia y requiere atención especializada.

Los TCA, explica Moreno Restrepo, son patologías complejas que pueden poner en peligro la vida de quienes las padecen, y que además suelen volverse crónicas si no se abordan a tiempo. Se caracterizan por una preocupación excesiva por el peso, control riguroso de la ingesta, restricción alimentaria, atracones, vómitos autoinducidos y obsesión por la imagen corporal.

Estos comportamientos son el resultado de una interacción entre factores biológicos, psicológicos, socioculturales y estresores, que dificultan su detección en fases tempranas.

Las formas más comunes de TCA en adolescentes son la anorexia nerviosa y la bulimia. La primera se caracteriza por una restricción severa en la alimentación, pérdida de peso significativa y rechazo a la imagen corporal. La bulimia, en cambio, implica episodios de atracones seguidos por conductas compensatorias, como inducirse el vómito o usar laxantes en exceso. Otros trastornos, menos frecuentes, incluyen el trastorno por atracón y el trastorno por evitación y restricción en la ingesta de alimentos.

¿Cómo identificar un TCA?

La especialista enumera signos y síntomas como: cambios frecuentes de humor, aislamiento social, pérdida o aumento abrupto de peso, cambio en la vestimenta hacia ropa holgada, dolores estomacales recurrentes, uso excesivo de laxantes o diuréticos, restricción de alimentos en secreto, ausencia o retraso en la menstruación y caries dentales causadas por vómitos autoinducidos. Además, muchas veces estos jóvenes niegan tener un problema de alimentación, por lo que la detección puede ser un reto.

Para prevenir la aparición de estos trastornos, Moreno Restrepo sugiere fomentar en los jóvenes una autoestima sólida, promover una cultura de aceptación y respeto hacia la diversidad corporal y evitar comentarios relacionados con el peso o la imagen.

Entre las recomendaciones prácticas para los padres y cuidadores están: promover el consumo de alimentos en familia en un ambiente tranquilo, evitar hacer comentarios sobre el peso o la apariencia física, no incentivar dietas restrictivas en menores, y reforzar la práctica de actividades físicas de forma saludable y sin excesos. Asimismo, aconseja que se eviten las dietas estrictas en menores, ya que estas aumentan el riesgo de desarrollar TCA y otros problemas relacionados, además de promover una rutina de descanso adecuada para los adolescentes.

“La mayoría de las personas con TCA, si reciben intervención oportuna, logran una recuperación satisfactoria. Es fundamental que los padres, docentes y jóvenes mismos estén atentos a los cambios sutiles en su comportamiento y salud física y emocional”, sostiene.

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