- El trastorno del sueño debe ser tratado con mucha atención.
El sueño reparador no solo es un descanso para el cuerpo; es una pieza fundamental en el crecimiento y desarrollo integral de los niños. Desde funciones neurofisiológicas hasta aspectos cognitivos y emocionales, el descanso adecuado influye directamente en cómo los pequeños crecen, aprenden y manejan sus emociones. Sin embargo, en muchas ocasiones, los trastornos del sueño en los niños pasan desapercibidos, poniendo en riesgo su salud física y mental.
Según especialistas, un trastorno del sueño ocurre cuando el proceso natural del descanso se ve afectado, impidiendo que el cerebro y el organismo realicen funciones esenciales de regeneración y crecimiento. Esto puede manifestarse con síntomas visibles que los padres deben aprender a identificar para actuar a tiempo.
Entre los signos nocturnos que alertan a los cuidadores aparecen los ronquidos constantes por largos periodos, pausas respiratorias, conocidas como apneas, despertar o micro despertares varias veces durante la noche, y cambios repetidos de posición al dormir. Estos indicios pueden ser señales de que algo no está funcionando bien en el patrón de sueño del niño.
Pero los signos no solo ocurren durante la noche; también en el día. Los niños con trastornos del sueño suelen mostrarse con dificultad para despertarse, dispersos en sus tareas, irritables, con déficit de atención, problemas para manejar sus emociones y dificultades para concentrarse.
Además, pueden presentar un aumento en las infecciones respiratorias frecuentes, como rinosinusitis, debido a que la obstrucción nasal puede favorecer un drenaje deficiente y, en consecuencia, infecciones recurrentes. La recomendación general es acudir a un especialista si hay recurrencias en medicación, como por ejemplo, tres antibióticos en un período de seis meses.
El Dr. José Mario Muñoz, Otorrinolaringólogo pediatra del programa Sana Sana, explica que cuando un niño no duerme lo suficiente o la calidad del sueño es pobre, las consecuencias trascienden la simple fatiga.
“Se afecta la capacidad para concentrarse, retener información y regular sus emociones, lo que impacta directamente en su rendimiento escolar y en sus relaciones sociales”, comentó Muñoz.
Además, en términos fisiológicos, un sueño de mala calidad puede afectar la función respiratoria, la masticación y la salud bucodental.
“Cuando la nariz o la boca no cumplen su función habitual, otros sentidos como el gusto, el olfato y la audición pueden comenzar a trabajar de forma incorrecta, provocando problemas en la alimentación, dificultad para masticar y una preferencia por alimentos blandos y fáciles de tragar”, señala el especialista.
La respiración bucal durante las comidas, por ejemplo, puede generar que el niño trague más rápido, se atragante, rechace alimentos que requieran más masticación, y en general presente alteraciones en su salud bucal, incluyendo cambios estructurales en la mordida y el posicionamiento de los dientes.
Las causas del trastorno del sueño en los niños suelen relacionarse principalmente con el crecimiento excesivo de los adenoides y las amígdalas, un problema con un componente hereditario en muchos casos. Sin embargo, en un 90% de los casos, la solución es sencilla y accesible: un control médico regular puede detectar síntomas a tiempo y determinar si la causa es inflamatoria, alérgica o si requiere un tratamiento quirúrgico sencillo, como la extracción de las adenoides o amígdalas. Este tipo de procedimientos, común y poco arriesgado, puede mejorar significativamente la calidad del sueño del menor.