jueves, agosto 13

Refugio de Vida Silvestre La Marta un enorme jardín en Cartago

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  • Alberga cientos de especies de gran belleza.

El Refugio de Vida Silvestre La Marta, ubicado en el distrito de Pejibaye, cantón de Jiménez, provincia de Cartago, es el primer refugio de vida silvestre privado de Costa Rica y se ha convertido en un punto de referencia en conservación educativa y ecoturismo.

Con sus 1 518 hectáreas, La Marta forma parte de la Reserva de la Biosfera La Amistad, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO y sirve como zona de amortiguamiento del Parque Nacional Tapantí‑Macizo de la Muerte y del Parque Internacional La Amistad.

El terreno se extiende desde aproximadamente 500 hasta 1 800 metros sobre el nivel del mar, ofreciendo una topografía variada y abundante precipitación anual, que supera los 5 000 mm y mantiene una humedad relativa cercana al 90 % . Cerca del 60 % del bosque es primario y el 40 % restante corresponde a bosque secundario en distintas etapas de regeneración natural. Esta diversidad ecológica está potenciada por los ríos La Marta y Gato, cuyas aguas cristalinas fluyen entre frondosos paisajes húmedos.

La historia del sitio es fascinante. Durante fines del siglo XIX y principios del XX operó como hacienda agrícola y ganadera, produciendo café, caña, cacao y banano. La infraestructura original —ruinas del trapiche, del burro carril, del beneficio de café y del comisariato— aún se encuentra dispersa en lo que se denomina la “Zona Histórica”, y ha sido declarada patrimonio arquitectónico vivo. Hoy ese espacio se integra dentro del bosque regenerado, adquiriendo doble valor natural e histórico.

Actualmente el refugio está administrado por la Universidad Centroamericana Castro Carazo, que desde 2006 lidera su protección, investigación y desarrollo educativo. La filosofía de ecoformación del refugio se articula mediante el programa CAM‑Bio, enfocado en concientización sobre el cambio climático y prácticas sostenibles.

Además, a partir de 2018 se estableció una colaboración con la organización británica Raleigh International, que envía voluntarios internacionales para participar en proyectos de conservación y construcción, como el “Rancho Raleigh”.

Entre los servicios que ofrece La Marta destacan 17 km de senderos de diversas intensidades. Algunos obligan al trekking más exigente, mientras que otros son accesibles para caminatas tranquilas. Estos conducen a miradores panorámicos como el Mirador La Mina, ofrecen acceso a pozas naturales de río y permiten observar flora y fauna autóctona y migratoria. Una caminata típica puede tomar entre dos y tres horas.

El refugio ofrece servicios de alimentación para grupos desde diez personas, con platillos típicos costarricenses elaborados con productos locales y en especial pejibaye y palmito, preparados por personas de la comunidad.

Para quienes desean pernoctar hay opciones de camping en ranchos accesibles desde la carretera, así como alojamiento en el albergue El Tucán y la rústica cabaña La Pasionaria junto al río La Marta, que cuenta con tres camarotes compartidos, comedor, ducha y vista directa al entorno natural.

El cupo diario está limitado —cerca de 220 personas — y es necesario hacer reserva previa para garantizar el acceso a favoritos como las pozas o el circuito guiado. El refugio opera los 365 días del año entre las 7:00 a. m. y las 5:00 p. m., y se llega fácilmente en aproximadamente dos horas desde San José por camino en buen estado.

Una de las dimensiones más destacadas de La Marta es su función como laboratorio viviente frente al cambio climático. En los últimos años se han documentado factores como la evaporación del río —hasta 1,8 m menos— la pérdida del musgo en la llamada piedra llorona y el aumento de la temperatura promedio en 1,3 °C, lo que afecta ecosistemas enteros, especialmente anfibios, insectos y plantas sensibles a cambios mínimos. A través de estaciones meteorológicas y programas educativos, el refugio pone estos efectos al alcance de visitantes, estudiantes e investigadores.

En conjunto, el Refugio de Vida Silvestre La Marta representa un modelo integral de conservación, educación y turismo responsable. Ofrece una experiencia enriquecedora donde la naturaleza, la historia y la ciencia convergen para dejar una impresión duradera en quienes lo visitan. Ideal para quienes buscan reconectarse con el ambiente, aprender y explorar uno de los pulmones más vibrantes y resilientes de Costa Rica.

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