Mario Giacomelli
Una de las mayores novedades que caracteriza el cine del nuevo milenio, es la presencia cada vez más frecuente de mujeres detrás de cámaras, ofreciendo su visión del mundo desde una refrescante perspectiva femenina.
A escala global, ha surgido una generación de excelentes realizadoras que imponen una mirada alternativa, cuestionan los estereotipos tradicionales y rompen moldes, enriqueciendo de paso las posibilidades expresivas del sétimo arte.
“Pequeña mamá” es el quinto largometraje de la brillante cineasta francesa Céline Sciamma, quien ocupa un lugar de privilegio dentro de este valioso movimiento cultural.
Ella había impactado a propios y ajenos con su entrega anterior, “Retrato de una mujer en llamas” (2019): una estupenda reflexión sobre el arte, la pasión y la búsqueda de emancipación.
En esta oportunidad, Sciamma ratifica su desbordante destreza como narradora, obteniendo máximos resultados gracias a un uso magistral de recursos mínimos: un puñado de actores; un par de sitios de filmación; y un argumento diminuto, basado en una idea tan simple como poderosa.
Encuentro inesperado
Tras la muerte de su anciana y querida abuela, una chica llamada Nelly, con ocho años de edad, acompaña a sus padres a la casa de campo de la recién fallecida, para empacar sus pertenencias. Marion, la madre de Nelly, se ausenta durante un tiempo, para resolver sus propios dilemas internos, dejando a Nelly al cuidado de su papá.
Una mañana, mientras explora el vecindario en forma solitaria, Nelly realiza un encuentro inesperado en medio del bosque. Una niña de su misma edad, físicamente muy parecida a ella, está recolectando ramas y hojas, con la intención de construir una cabaña secreta.
Entre ambas surge una amistad espontánea, la cual se consolida al día siguiente, cuando Nelly aprende que su nueva compañera de juegos se llama Marion… y vive en una casa idéntica a la de su difunta abuela.
Fantasía con rasgos universales
He aquí una propuesta cinematográfica distinta, anticonvencional, que no se deja encasillar. Dirigida con extrema precisión y sensibilidad, abarca sutilmente el tema de la elaboración del luto, para luego escenificar una tocante celebración de la vida y del amor incondicional que une a padres e hijos.
La anécdota, teñida de misterio, es encantadora: por alguna razón mágica e inexplicable, una niña supera barreras temporales y puentes generacionales, conociendo una versión infantil de su propia madre. Como un moderno cuento de hadas, relatado con estilo realista, “Pequeña mamá” visualiza así una hermosa fantasía con rasgos universales, capaz de provocar emociones profundas.
La autora emplea la cámara de manera atenta y perceptiva. Renuncia a la música incidental, enfatizando a cambio los sonidos ambientales, los gestos, las palabras y los silencios.
Una sola canción acompaña una escena sugestiva, que se convierte en la culminación ideal de la obra.
Interpretando a los dos personajes principales, sobresalen Jósephine y Gabrielle Sanz, gemelas debutantes dotadas de un extraordinario talento natural.
Con sus 73 minutos, es ésta una cinta de corta duración y amplio alcance emotivo, donde no hay ni un solo encuadre desperdiciado. Cada detalle cuenta y los diálogos -aparentemente informales- están cargados de frases significativas. En verdad, se trata de una pequeña gran película, en grado de conquistar el corazón de cualquiera.
Pequeña mamá
(Petite maman)
Dirección: Céline Sciamma.
Guión: Céline Sciamma.
Reparto: Jósephine Sanz, Gabrielle Sanz, Nina Meurisse, Stéphane Varupenne.
Duración: 73 minutos.
Origen: Francia 2021.
Género: Drama-Comedia-Fantasía.
Calificación: Todo público.