Mario Giacomelli
Para Revista Magisterio
Desde su debut en el Festival de Venecia de 2022, “Argentina, 1985” se ha convertido en una de las producciones latinoamericanas más destacadas de los últimos años. Encontró los favores del público, dentro y fuera de su país de origen; y obtuvo prestigiosos premios internacionales, incluyendo el Globo de Oro como mejor película de habla no inglesa.
El éxito es ampliamente merecido: además de sus indiscutibles méritos estéticos, la obra cumple una función primordial, pues dramatiza importantes sucesos reales con el fin de preservar la memoria histórica de una nación entera.
Siguiendo oportunamente los cánones del género judicial, el argumento ilustra un caso ejemplar de democracia en acción. Muestra el arduo camino legal que se emprendió para llevar a los tribunales a los jefes de una feroz dictadura militar. Ésta había azotado al pueblo argentino durante siete años, entre 1976 y 1983, utilizando tortura, secuestro, violación y asesinato como instrumentos de opresión y control social.
Verdad y justicia
El brillante Ricardo Darín, actor dotado de gran carisma y comprobado talento, ofrece un retrato memorable de Julio Strassera, fiscal de la Corte Federal de Apelaciones. Él recibió el delicado encargo de perseguir penalmente a los principales responsables de aquel infame regimen de terror.
Debido al poder oculto que los generales mantenían, aún después de la caída de la junta militar, Strassera no podía confiar ni en la policía ni en los funcionarios de gobierno. Por ello, decidió conformar un equipo integrado por jóvenes abogados y estudiantes de derecho. Con ellos empezó a reunir testimonios y pruebas que le permitieran enjuiciar a los ex-comandantes por crímenes en contra de la humanidad. El mayor reto fue lograr que los procedimientos se efectuaran en el ámbito civil, para evitar así la impunidad otorgada a los jerarcas por las cortes marciales. A pesar de recibir frecuentes amenazas de muerte, Strassera no claudicó, arriesgando su propia seguridad y la de su familia, con tal de apoyar la causa de la verdad y la justicia.
Valiosa pieza de denuncia
Aunque privada de escenas espectaculares y concesiones amarillistas -que habrían socavado su integridad- la narración cautiva en todo momento. Se desarrolla con buen sentido del ritmo, generando interés constante a partir de una aguda definición de caracteres, una sólida estructura dramática y una puesta en escena rigurosa, impecable en los detalles de ambientación.
Es éste el sétimo largometraje de Santiago Mitre, guionista y director versátil, capaz de lucirse con títulos tan diversos como el drama sicológico “El estudiante” (2011), el thriller político “La cordillera” (2017) y la comedia “Pequeña flor” (2022). Aquí, Mitre encuentra el tono adecuado para evocar una de las páginas más trágicas y dolorosas en la historia de su país. Con firmeza moral, precisión y respeto hacia las víctimas, se describen las consecuencias nefastas del totalitarismo y sus huellas profundas.
Aunque pudo ser incluso más dura y contundente, en su afán de reclamo, “Argentina, 1985” constituye una valiosa pieza de denuncia. Deja a la posteridad un recordatorio imprescindible, para que las atrocidades no queden en el olvido y los errores del pasado no vuelvan a repetirse, nunca más.
Argentina, 1985
(Argentina, 1985)
Dirección: Santiago Mitre.
Guión: Mariano Llinás, Santiago Mitre y Martín Mauregui.
Reparto: Ricardo Darín, Peter Lanzani, Alejandra Flechner, Gina Mastronicola.
Duración: 140 minutos.
Origen: Argentina 2022.
Género: Drama.
Calificación: Todo público.