- Prácticas sencillas se pueden convertir en grandes aportes para el planeta.
La protección del ambiente no requiere de grandes inversiones ni cambios radicales. Por el contrario, pequeñas acciones cotidianas pueden marcar una gran diferencia, no solo para el planeta, sino también para el bolsillo.
La ecoeficiencia consiste en utilizar de forma inteligente los recursos, generando el menor impacto ambiental posible mientras se optimizan los gastos. Esta práctica puede implementarse fácilmente en el hogar y en el trabajo, y sus beneficios son tanto ecológicos como económicos.
Yadira Ferreto, asesora financiera y coach del Banco Nacional, comparte una serie de consejos prácticos que pueden incorporarse en la rutina diaria para adoptar un estilo de vida más sostenible. Estas 15 recomendaciones son aplicables a diversos espacios y actividades comunes, y demuestran que vivir de forma responsable con el ambiente también puede ser una estrategia para mejorar las finanzas personales.
Una de las primeras recomendaciones consiste en aprovechar al máximo la luz natural. Mantener las cortinas abiertas y las ventanas limpias permite que entre más luz, lo que reduce la necesidad de encender lámparas durante el día. También se aconseja no colocar muebles grandes frente a las ventanas, para evitar que bloqueen la entrada de luz.
El uso de bombillos LED es otra práctica fundamental. Estos consumen menos energía que los bombillos tradicionales, producen menos calor y duran mucho más tiempo. De igual manera, apagar las luces en habitaciones vacías o instalar sensores de movimiento puede generar un ahorro significativo en la factura eléctrica.
Otra forma de reducir el consumo energético es desconectar los dispositivos que no se están utilizando. Muchos aparatos siguen utilizando electricidad aunque estén apagados, por lo que se recomienda emplear regletas con interruptor para desconectarlos de forma más eficiente.
En cuanto a las labores del hogar, se puede reducir el gasto energético secando la ropa al aire libre. Esto no solo evita el uso de la secadora, sino que también prolonga la vida útil de las prendas. Cocinar con eficiencia es otra medida sencilla: utilizar el tamaño correcto de quemador, tapar las ollas y aprovechar el calor residual son acciones que reducen el tiempo de cocción y el uso de gas o electricidad. Cuando se trata de calentar alimentos, el microondas es una mejor opción que el horno convencional, ya que consume menos energía y es más rápido.
El refrigerador también debe utilizarse de forma adecuada. Colocarlo lejos de fuentes de calor, no abrirlo constantemente y mantenerlo bien organizado ayuda a conservar los alimentos sin forzar el aparato. Además, mantener una temperatura adecuada y no sobrecargarlo mejora su eficiencia.
Al lavar la ropa, es recomendable esperar a tener cargas completas. Así se reduce el uso de agua, electricidad y detergente, y se prolonga la vida útil de la lavadora. En el uso del agua, se deben reparar fugas, reutilizar agua de lluvia y colocar aireadores en los grifos para disminuir el consumo sin afectar el desempeño.
Los electrodomésticos eficientes también juegan un papel importante. Elegir modelos con etiquetas de eficiencia energética o funciones inteligentes permite ahorrar en el consumo mensual y reducir el impacto ambiental. Asimismo, reducir el uso de papel es una medida útil. Digitalizar documentos, imprimir solo lo necesario y reutilizar hojas son prácticas sencillas que ayudan a conservar recursos.
En el ámbito de la movilidad, se puede optar por medios de transporte sostenibles como caminar, usar bicicleta o transporte público. Estas alternativas no solo son más económicas, sino que también contribuyen a la salud física. Compartir el vehículo con otras personas es otra opción válida. Esta práctica, conocida como carpooling, disminuye los costos de combustible, parqueo y mantenimiento, al tiempo que reduce la emisión de gases contaminantes.
Finalmente, es esencial aplicar las tres erres: reducir, reutilizar y reciclar. Evitar productos desechables, reparar objetos antes de desecharlos y separar correctamente los residuos sólidos son acciones que pueden integrarse en la vida diaria con poco esfuerzo, pero con grandes beneficios.
Adoptar hábitos ecoeficientes es una decisión responsable y accesible. Cada persona puede aportar al cambio desde su hogar, lugar de trabajo o comunidad, contribuyendo al cuidado del ambiente mientras mejora su calidad de vida y ahorra dinero.