miércoles, abril 17

Bella parábola de integración

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Mario Giacomelli

Para Revista Magisterio

            Gracias a una suntuosa presentación gráfica y una banda sonora encantadora, “Elementos” ratifica la supremacía técnica de los estudios Disney y Pixar, en el ámbito de la animación digital. 

            La calidad estética es tan alta, que salta a la vista; y tiende a opacar los méritos de un argumento atractivo. Se ubica en un mundo imaginario, poblado de criaturas que pertenecen a cuatro especies distintas, según los elementos básicos de la materia: Tierra, Agua, Fuego y Aire.

            Es ésta una premisa original e ingeniosa, que quizá se pudo desarrollar con mayor profundidad. Aún así, se presta para plasmar en imágenes una bella parábola de aceptación e integración, la cual gira alrededor de una insólita historia de amor entre dos seres supuestamente incompatibles.

            Versión idealizada de Estados Unidos

            Ciudad Elementos es un pintoresco lugar de fantasía, que luce como una versión idealizada de Nueva York y, por ende, de Estados Unidos. Es una metrópolis inmensa, colorida y cosmopolita, cuyos residentes conviven en armonía, respetándose mutuamente más allá de sus diferencias.

            Hija de inmigrantes de orígenes humildes, Ember es una niña de fuego, quien crece en una tienda de alimentos administrada por sus padres, esperando el momento en que ella deberá asumir la responsabilidad del negocio familiar.

            Un día, debido a su temperamento (literalmente) explosivo, Ember provoca un pequeño accidente en el sótano. La ruptura de una tubería, acarrea la llegada de Wade: un muchacho de agua, quien trabaja como inspector municipal. Tras detectar varias irregularidades, Wade confecciona unas multas que podrían significar el cierre del local. Es éste el comienzo de una relación conflictiva, que pronto adquiere un inesperado matiz sentimental.

            Vaporoso romance interracial

            La segunda mitad del relato es bastante predecible, recurriendo a varias simplificaciones dramáticas y resoluciones obvias. Una vez establecida la naturaleza de Ciudad Elementos, las normas que la rigen y las características principales de sus habitantes, la narración toma un rumbo convencional.          

            La atención se concentra en el lado romántico, el cual se tiñe de matices trillados, aunque no deja de ser entreñable. La atracción que surge entre dos personalidades opuestas, sirve para elaborar una variación del típico amor imposible, que adquiere las connotaciones de un vaporoso romance interracial.

            Al mando de la realización está Peter Sohn (“Un gran dinosaurio”, 2016), talentoso cineasta neoyorquino de ascendencia coreana, quien dirige con destreza y sentido del dinamismo. Pocas veces se ha visto semejante riqueza de detalles visuales, una gama cromática tan variada, tanta fluidez de movimientos.

            Acorde con el espíritu general del proyecto, el acompañamiento musical goza también de diversidad y chispa. La acertada partitura de Thomas Newman incorpora notas orientales, folclor europeo, toques de Bollywood, , “K-Pop” y otras reminiscencias melódicas, que se mezclan entre sí de manera natural.

            Así, en cada instante, “Elementos” evoca sensaciones de unidad, colaboración e intercambio cultural: Más allá de ciertas irregularidades de guión, es un agradable entretenimiento familiar, enriquecido por una moraleja valiosa.

Elementos

(Elemental)

Dirección: Peter Sohn.

Guión: John Hoberg, Kat Likkel y Brenda Hsueh.

Duración: 101 minutos.

Origen: EE.UU. 2023.

Género: Animación-Comedia-Fantasía.

Calificación: Todo público.

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